lunes, 1 de junio de 2009

¿Manos limpias?

By José Saramago

Baltasar Garzón es una de las personas con más peso específico que ha producido la sociedad española en la última mitad del siglo XX. Al Juez Garzón le debemos algunos de los momentos más luminosamente democráticos que hemos conocido: el procesamiento del general Pinochet y la investigación contra los crímenes de la guerra y del franquismo. En este segundo caso, Garzón consideraba que Franco y otros 44 miembros de sus gobiernos y de la Falange cometieron “delitos contra Altos Organismos de la Nación” y también de “detención ilegal con desaparición forzada de personas en un marco de crímenes contra la humanidad”. Pues bien, la investigación contra estos crímenes ha exasperado a los franquistas, que en España todavía los hay, hasta el punto de querellarse contra Garzón, al que acusan de prevaricar porque inició procesos, dicen, a sabiendas de que los responsables estaban muertos. Firma la querella un tal Bernard, antiguo mandamás de Fuerza Nueva, grupo ultraderechista muy activo en la represión de antifranquistas, y actual presidente de una asociación sindical que cínicamente dice “defender” el estado de Derecho y que copió el nombre de la italiana Manos Limpias de inolvidable recuerdo.
¿Qué ha hecho Baltasar Garzón? Desde fuera de las asociaciones judiciales, con sus rencillas y enfrentamientos, desde fuera de la furia política que sienten los franquistas contra las iniciativas que adopte la sociedad para limpiarse de la dictadura, lo que vemos es una actuación que introduce el sentido común en los tribunales. Hay un juez valiente que en vez de enredarse en leyes para justificar silencios y omisiones busca los resquicios que las leyes permiten para que a las víctimas de la guerra y del franquismo se les reconozcan derechos y se esclarezca su memoria. Garzón entendió que tenían derecho a recuperar los cuerpos enterrados en fosas comunes, o a saber donde están los entonces niños que fueron separados con violencia de sus familias, por eso puso en marcha un proceso que luego se ha seguido en otras instancias, pero él fue el precursor y eso no se perdona. Lo terrible, lo incomprensible, es que los herederos del franquismo hayan encontrado eco en el Tribunal Supremo de España, donde Garzón tendrá que declarar como imputado por la causa contra el franquismo. Dice el Supremo que “sin valorar ni prejuzgar lo sucedido, entiende que no se dan las condiciones para rechazar la admisión a trámite de esta querella”, que la hipótesis de prevaricación no es ni absurda ni irracional. Eso es lo que dicen cinco magistrados, cinco, del Supremo. A ver ahora qué dice la sociedad española, siempre tan apasionada cuando de defender causas justas se trata. ¿Dejará, sin hacer oír su voz, que Fuerza Nueva, perdón, Manos Limpias, use y abuse del Derecho? ¿Permitirá, sin protestas, que conceptos como Estado de Derecho, por el que tanto lucharon los antifranquistas, sean utilizados contra las víctimas, para que una vez más queden en el olvido? Ya no se trata de Garzón, de cuya amistad me honro, es que no nos tomen el pelo. Prevaricar no es actuar para ensanchar el Derecho, prevaricar es no haber actuado antes. Y mofarse de la justicia es aceptar como normal que los franquistas vengan a dar lecciones de escrúpulo democrático.

Visto

2 comentarios:

Mr. Proper dijo...

Aunque no venga a cuento, lo tengo que decir: La ultima vez que alguien me dijo que no me subiera por la acera, fue un taxista que hizo ademán de atropellarme (es decir, me amenazó de muerte) cuando cruzaba un semaforo en verde por el carril bici de Echegaray.

Gracias por fomentar la convivencia y no dar alas a energúmenos como ese.

f - colectivo zombra-... dijo...

Cada vez que visitas Al rebullón y no dejas un comentario un ciclista se sube a la acera harto de que los coches le piten con prepotencia mientras llenan de humo y ruido una ciudad que es también tuya y es también mía, un repartidor para en doble fila y el ciclista debe salir al tercer carril estropeando la vuelta rápida que pensaba conseguir aquel taxista, un 4x4 decide aparcar sobre esa extraña pista verde con bicicletas dibujadas, un urbanista decide que el 4x4 hizo mal aparcando en aquel trozo de carril bici ya que ése sería un lugar estupendo para plantar una parada de bus o un contenedor de reciclaje (que es que el mundo hay que cuidarlo), un autobusero entiende que merece la pena acelerar brutalmente en tan sólo treinta metros para conseguir adelantar al ciclista que va por la calzada y llegar dos segundos antes a la debida parada (entonces será el ciclista quien pueda descansar respirando sus cálidos humos allá atrás, los del autobús y los del autobusero). Cada vez que visitas Al rebullón y no dejas un comentario un concejal-a de Urbanismo de una gran ciudad con casi un millón de habitantes entiende que después de un ecológicamente desastroso dragado para dejar navegable al padre río que atraviesa la urbe, después de esta barbarie decía, entiende que no tiene sentido escuchar la voz tranquila pero persistente como ola de mar que hace el colectivo ciclista en la ciudad y qué para acallar ese empuje de sostenibilidad ciudadana no habrá que impulsar un carril bici paralelo al trazado del tranvía conectando los viales verdes circulares que ya sirven de sobra para no comunicar ningún sitio con ninguna parte (para qué hablar de intentarle hacer entender la diferencia entre carril-bici y acera-bici). Cada vez que que blablabla… un niño-niña ve a un ciclista en la acera y le sonríe pero el ciclista no le responde con una sonrisa, maldito ciclista que ha invadido la acera poco importa si por miedo, comodidad, cobardía o inseguridad, el nauseabundo ciclista movido por este drama de ira y tensión que comenzó, quizás, cuando tú no dejaste un comentario en este blog, no va a responder a la niña-niño devolviéndole la sonrisa y haciendo sonar nuestro ridículo timbre de automóvil ecológico, no, el sanguinario ciclista abrirá la boca y engullirá al infante de un solo bocado mostrándole antes sus fauces cariadas y después amenazará con sonrisa de hiena a la anciana que ha visto como su nieta- o era devorada-o por uno de esos ciclistas contra los que descargamos un extraño odio recíproco que puede hacernos añadir el título de muy gilipollas a los de muy noble, muy leal, … ciudad de Zaragoza.

Puede que el asunto se resuelva de una forma más sencilla, dejando un comentario en vuestro blog por ejemplo, y puede que a la vez esta masa crítica que tú y yo ya somos, sea capaz de hacer prevalecer una muda ley de cooperación y respeto hacia el más débil que nos acompaña como humanos, y entendamos así que en la calzada al ciclista respeto máximo y en la acera primero y ante todo el peatón.Besos a pedales.